Lo amas. Su pelo, no tanto.
Se queda en su cama, en el sofá y en tu ropa. Y cada vez que se sacude, vuelve a empezar.
Una pasada con el guante.
Lo pasas en una sola dirección por el sofá, la cama o la alfombra. Sin rodillos ni repuestos.
El pelo sale en una sola tira.
Lo retiras con los dedos, lo botas y el guante queda listo para la próxima vez.
Y el cepillo a vapor lo atrapa antes de que caiga.
Un rocío fino de agua humedece el pelo suelto: se desenreda sin tirones y no vuela por la casa.





